Artículo de Larken Rose

Traducción de Francesc Garcia-Gonzalo (original inglés aquí)


Algunos piensan que es progresista e ilustrado abogar por la completa abolición del dinero. No se quejan simplemente del actual sistema monetario y bancario (al que deberíamos condenar y oponernos), sino que quieren deshacerse de todo el dinero. En realidad, la insensatez de semejante idea es comparable a la del famoso estribillo “Imagine no possessions“. Eso de ilustrado no tiene nada. Es pura necedad.

imagine(Parafraseado, “Imagine no possessions” significa: “Imagina nunca saber quién tiene derecho a usar las cosas”. Imagina que, independientemente de lo duro que hayas trabajado para producir algo, cualquiera te lo puede arrebatar en cualquier momento por cualquier razón, pues ese algo no te pertenece y no tienes ningún derecho especial sobre ello. Sí, me lo puedo imaginar. Y no es bonito.)

La idea de un mundo sin dinero suena bien siempre y cuando no pienses demasiado en ella. Francamente, cuando trato de imaginar por qué alguien querría eso, todo lo que se me ocurre son sandeces irracionales y emocionales del tipo: “No tengo suficiente dinero para conseguir lo que quiero; El dinero tiene la culpa; Si el dinero no existiera, entonces todo sería gratis”. En efecto, los comunistas suelen hablar como si la mera existencia de un medio de intercambio (“dinero”) los esclavizara. No es justo tener que necesitar dinero para sobrevivir, dicen. El ridículo salto lógico (más bien ilógico) consiste en asumir que, para obtener cosas producidas por otros, sería todo más fácil si no se les tuviera que dar nada a cambio. Es como si pensaran que tener que pagar por los alimentos que otros producen es injusto y opresivo, y que (no se sabe cómo) si nos deshiciéramos de todo el dinero aparecería mágicamente comida gratis para todos.

natureCasi todo lo que necesitamos las personas (alimentos, refugio, etc.) requiere de esfuerzo humano para conseguirlo (para cosecharlo, procesarlo y/o fabricarlo). Así funciona el mundo. No hay nada injusto en ello. Cuando los comunistas se quejan de estar oprimidos porque se les “obliga” a trabajar para poder comer y alojarse, parecen olvidar que si estuvieran solos en el bosque, sin nadie que los “oprimiera”, todavía tendrían que esforzarse para no morirse de hambre. No se dan cuenta de que: si ellos tienen derecho a que les satisfagan ciertas necesidades (y si satisfacer dichas necesidades conlleva esfuerzo humano) entonces eso significa que otras personas tienen que ser forzadas a servirles.

Si alguien quiere beneficiarse de los esfuerzos de otras personas, las opciones son: (a) robar los frutos de su trabajo, (b) esperar que te hagan regalos, y (c) comerciar con ellas. El concepto de comercio ha existido siempre, superando toda clase de obstáculos de comunicación y diferencias culturales. Ello se debe a que, por su propia naturaleza, el comercio es mutuamente beneficioso. Si alguna de las partes no se beneficiara, el intercambio no se produciría. Pensar que de algún modo sería más noble o progresista que se beneficiara sólo una de las partes es, para ser tajante, estúpido.

tradeY es de lo más infantil imaginar que es más noble adquirir los frutos del trabajo de otros gratuitamente que por intercambio. Sin embargo, algunas personas, creyéndose muy eruditas, promulgan exactamente eso, llamándolo la “economía del regalo”. Por supuesto, una sociedad que reconoce el concepto de propiedad privada también permite la caridad y los regalos. Y cuanto más próspera sea esa sociedad (gracias al comercio), más donativos habrá. Pero creer que toda la producción y distribución de riqueza material podría ocurrir exclusivamente mediante “regalos” es el resultado de la más profunda ignorancia sobre las leyes básicas de la economía y de la naturaleza humana. Esperar que la gente obtenga lo que quiere porque otros casualmente lo han producido y se lo van a dar es una buena manera de causar hambrunas generalizadas y poco más.

Todas las especies, hasta los organismos unicelulares, emplean ciertos tipos de esfuerzo para lograr objetivos concretos. Llevan a cabo ciertas acciones para conseguir lo que desean. Esto es ley de vida. Si quieres una mesa y no sabes hacértela tú mismo, lo más natural del mundo es que busques a alguien que tenga una e intentes cambiársela por algo (bienes, servicios,…). Sentarte y esperar a que alguien te dé una mesa a cambio de nada (al estilo de la “economía del regalo”) sería el método menos eficaz del mundo para adquirir nada.

tableY si quieres comerciar con alguien que tiene una mesa, necesitarás tener algo que él quiera. Quizá dé la casualidad de que tú justo tengas el objeto o habilidad que él desea y podáis hacer un trueque. Alternativamente, podrías esforzarte en tener un suministro de algo que casi todo el mundo valore. Y hay una palabra para eso: “dinero”. El dinero, en esencia, no es más que un medio de intercambio común: algo que todos valoran y que todos esperan que los demás valoren. Podría ser plata, oro, o casi cualquier otra cosa cuya oferta sea limitada pero su demanda constante.

De hecho, ese comercio es tan natural que no sólo ocurre en todo el mundo y en todas las culturas, sino que incluso se da en el peor entorno imaginable: en un lugar donde todo comercio y moneda están estrictamente prohibidos y donde no hay apenas privacidad ni posesiones, a saber, en la prisión. En todas las prisiones federales de Estados Unidos, todas las divisas, comercio e incluso regalos van estrictamente contra las reglas. Y en todas esas prisiones, a pesar de que los reclusos viven literalmente en jaulas bajo vigilancia constante, existe un dinámico “mercado negro” donde se usan formas de dinero espontáneas y descentralizadas, tales como sellos de correos, barras de caramelo, o cualquier otra cosa en alta demanda (cuando los cigarrillos se permitían en la cárcel, se usaban a menudo como moneda).

prisonIncluso en el entorno más totalitario, la gente encuentra maneras de comerciar y de facilitar ese comercio usando medios de intercambio, es decir “dinero”. Dado que los medios de intercambio (independientemente de la forma que tomen) no tienen otro propósito que facilitar el comercio, eso significa que estar por principio en contra del dinero equivale a estar en contra del comercio. ¿Dónde está el valor o la virtud de decir: “Estoy a favor del intercambio voluntario, siempre y cuando no se usen para ello cosas deseadas por casi todo el mundo”? Francamente, hay que ser idiota para pensar que el mundo mejoraría eliminando aquello que más facilita la cooperación voluntaria y el comercio.

Por supuesto, cuando un sistema de dinero implica fraude y engaño, eso es inmoral y destructivo. Y eso se aplica a las monedas controladas por “bancos centrales”, las cuales existen en todo el mundo e incluyen los billetes de la Reserva Federal (los dólares). Pero cuando alguien culpa de ello al concepto de dinero, o repite la frase de que “el dinero es la raíz de todos los males”, esa persona no hace más que demostrar su propia ignorancia, dejando claro que no entiende qué es el dinero.

(Como nota al margen, incluso una moneda fiduciaria puede ser moral y útil, siempre y cuando funcione abierta y honestamente, y no sea usada para robarle continuamente poder adquisitivo a sus usuarios. Criptomonedas como bitcoin, por ejemplo, sólo tienen valor en la medida en que sus usuarios deciden que lo tienen. Las bitcoins no están “respaldadas por nada” en tanto que no representan oro o plata. Sin embargo tienen valor, pues que algo tenga “valor” significa solamente que la gente lo quiere. Y para el comercio, disponer de un medio de intercambio, aunque sólo consista en ceros y unos dentro de ordenadores, puede ser sumamente útil.)

bitcoinMuchas personas se aferran a varias ideas profundamente erróneas sobre la riqueza. Por ejemplo, muchos creen que la riqueza es un “juego de suma cero” donde uno sólo puede enriquecerse a costa de empobrecer a los demás. Eso es exactamente lo contrario de lo que ocurre en un mercado libre. Mucha gente también asume falsamente que la “desigualdad” es intrínsecamente injusta y destructiva (cosa que abordaré en un próximo artículo). Y mucha gente piensa que quienes actúan por su propio interés están así fomentando la violencia y la pobreza, mientras que quienes actúan altruísticamente aumentan la prosperidad general. Una vez más, eso es lo contrario de la verdad.

Un simple ejercicio mental demuestra en qué medida el comercio (e incluso la “codicia” y el “egoísmo”, siempre que no sean violentos o fraudulentos), benefician enormemente a todos los miembros de la sociedad. Mira a tu alrededor, ahora mismo. De todas las cosas que posees, o tienes acceso a usar, ¿cuántas de ellas existen porque otras personas quisieran servirte altruísticamente? ¿Y cuántas de ellas existen porque montones de personas que ni siquiera te conocen estaban tratando de beneficiarse a sí mismas mediante el comercio? Casi todo lo que tienes es el resultado de esto último.

te beneficias de la “codicia” de los demás porque, cuando se trata de comercio voluntario, quien quiera tu dinero debe esforzarse en proporcionarte algo que para ti valga más que tu dinero, de modo que tú quieras efectuar el intercambio. Puede que esa persona encarne el estereotipo de hombre de negocios egocéntrico y despiadado, pero en un mercado libre su forma de enriquecerse es encontrar alguna manera de hacerte feliz. Y el comercio y el dinero son esenciales para el proceso.

carpetsPara terminar, me referiré a ciertas variantes de las ideas anti-propiedad y anti-dinero que se centran en la idea de una sociedad “post-escasez”, donde las “necesidades” de todos serán supuestamente satisfechas sin comercio ni un medio de intercambio. El “Proyecto Venus” es una versión relativamente reciente de esta noción, basada fuertemente en un plan maestro centralizado en el que un gigante ordenador y sistema robótico proporcionan todo lo que los seres humanos necesitan. Sin embargo, la idea se basa una vez más en una ignorancia fundamental de la realidad. Nunca puede existir una sociedad plenamente “post-escasez”.

Puede existir, y de hecho ya existe, una situación en la que mucho de lo que necesitamos es tan abundante que, en cierto sentido, casi podría llamársela “post-escasez”. Por ejemplo, en muchas partes del mundo el agua corriente es tan abundante que a menudo la gente está dispuesta a regalarla. Y a medida que una sociedad se vuelve más próspera y productiva, cada vez les resulta más fácil a las personas compartir o regalar lo que les pertenece. La gente ya comparte o regala comida, agua, electricidad, acceso a internet e incluso viejos ordenadores y coches, entre otras muchas cosas. Sin embargo, la gran cantidad de posesiones materiales que tenemos, las tenemos enteramente gracias al comercio. Alguien que tiene riqueza de sobra puede regalar un coche viejo a alguien que lo necesite, pero ¿quién fabricaría un coche para regalárselo a otro?

cliff-houseSiempre habrá suministros limitados de ciertos tipos de cosas, y de objetos particulares. Si miles de millones de personas quieren un pangolín como mascota, ¿pueden todos tenerlo? No, no pueden. Si todo el mundo quiere el original de la Mona Lisa, ¿pueden tenerla? No, no pueden. Si hay una hermosa casa encima de un acantilado que domina el océano, ¿puede todo el mundo vivir allí? No, no pueden. Incluso para artículos comunes y fáciles de producir en masa, la oferta será limitada en cualquier lugar y momento dados. Si quieres huevos rellenos, kiwis y mazapán mientras das un paseo en un parque, ¿puedes tenerlo al instante? No, no puedes. ¿Y puede todo el mundo, inmediata y mágicamente, tener un suministro ilimitado de cualesquiera nuevas cosas que otros acaben de inventar y que no existían antes? No.

Y mientras exista un suministro limitado de algo que la gente desee (cosa que siempre sucederá), entonces no habrá “post-escasez” y la propiedad privada y el comercio seguirán siendo la forma más eficiente y moral de crear y distribuir riqueza material. Y tratar de deshacerse del concepto que más facilita el comercio, el medio de intercambio o “dinero”, es inherentemente contraproducente, hasta el punto de ser completamente estúpido.