Extracto de “The Underground History of American Education” de John Taylor Gatto

Traducción de Francesc Garcia Gonzalo


Dthe-underground-history-of-american-education-john-taylor-gattourante los siglos XVIII y XIX (hasta el último tercio del XIX), la escolarización, allí donde la había, consistía sobretodo en lenguaje, filosofía, arte y en la vida de las civilizaciones clásicas de Grecia y Roma. Poca gramática pura como la entendemos hoy se daba en las escuelas de gramática de esa época. Eran lugares de aprendizaje del mundo clásico. La America temprana descansaba cómodamente sobre un lecho de conocimiento de la cultura clásica, una cultura subversiva con los estándares de la sociedad clasista británica. Las lecciones de la antigüedad fueron tan vitales en la construcción de las instituciones americanas que es imposible, sin un mínimo conocimiento de esas lecciones, comprender la profundidad del abismo entre entonces y ahora. Prepárate para una sorpresa.

Durante mucho tiempo, por ejemplo, la Atenas clásica asignó sus puestos públicos más importantes por sorteo: generales del ejército, abastecimiento de agua, etcétera. Las implicaciones son asombrosas: se asumía que se podía confiar en la competencia de cualquiera. Era su versión de la conducción universal actual. Los profesionales existían pero no tomaban decisiones clave; Eran sólo técnicos, no muy apreciados porque predominaba la opinión de que los técnicos habían esclavizado sus propias mentes. Se esperaba que cualquier persona digna de ser ciudadana pudiese pensar con claridad y aceptar de buena gana cargos de alta responsabilidad. Al reflexionar sobre esto, recuerda nuestro propio supuesto implícito de que cualquiera puede conducir una tonelada de metal a alta velocidad con el equivalente de tres bastones de dinamita fluyendo en su depósito.

jtg-slider-write-your-own-scriptCuando preguntamos qué clase de escuela yacía detrás de esa brillante sociedad que a tantos ha cautivado en los siglos posteriores, la única respuesta sincera posible se limita a una palabra: Ninguna. Después de escribir un libro en el que trataba de hallar el genio oculto de Grecia en sus escuelas, Kenneth Freeman concluyó su original estudio Las Escuelas de Hellas en 1907 con este resumen: “No había escuelas en Hellas”. No había ningún lugar donde niños y niñas pasaran su juventud siendo instruidos por extraños. Los deberes, en el sentido moderno, no existían. Nadie hacía exámenes estandarizados. Los exámenes importantes eran los de la vida misma y se basaban en tratar de alcanzar metas establecidas por las tradiciones locales. La propia palabra sköle significa ocio: ocio en un jardín formal para pensar y reflexionar. Platón, en Las Leyes, es el primero en referirse a “escuela” como conversación erudita.

La escuela más famosa de Atenas fue la Academia de Platón, cuya manifestación física no incluía aulas ni sirenas, sino que era un lugar de reunión donde pensadores y mentes inquietas podían interaccionar con cortesía y encontrar buenas conversaciones y amistades, a las que Platón consideraba esenciales para la educación. Hoy en día quizá hablaríamos de un “salón” para referirnos a algo así. El Liceo de Aristóteles era prácticamente lo mismo, aunque Aristóteles daba dos conferencias diarias: una difícil por la mañana para pensadores intensos, y una versión simplificada de lo mismo por la tarde para mentes menos ambiciosas. La asistencia era opcional. Y el famoso Gymnasium, tan memorable como forja de futuros líderes alemanes, no era más que un campo de entrenamiento abierto donde hombres de dieciséis a cincuenta años podían participar en instrucción de alta calidad, subsidiada por el estado, en boxeo, lucha libre y jabalina.

aristotleLa idea de escolarizar a los hombres libres en cualquier disciplina habría repugnado a los atenienses. El entrenamiento forzoso era para los esclavos. Entre los hombres libres, el aprendizaje implicaba autodisciplina, no el don de expertos. De estas nociones derivaron los norteamericanos sus propias academias, los franceses sus liceos, y los alemanes sus gimnasios. Piénsalo: Atenas estaba rodeada de enemigos e inmersa en el difícil experimento social de sostener una democracia participativa que otorgaba a sus ciudadanos privilegios sin precedentes. Además, de esta ciudad-estado emergieron estándares literarios, artísticos y legislativos que aún hoy siguen siendo referentes de la genialidad humana. Y todo ello ocurrió sin ninguna instrucción organizada. En sus 500 años de historia, desde Homero hasta Aristóteles, la civilización ateniense fue un milagro en un mundo tosco; allí florecieron los maestros, pero éstos no trabajaban siempre en los mismos edificios, ni con temarios estandarizados, ni bajo el pulgar de una compleja burocracia estratificada.

No había escuelas en Hellas. Para los griegos, el aprendizaje era en sí mismo una recompensa. Pocos quisieron ir más allá de eso.