Publicado el 21 de agosto del 2009 por Stephan Kinsella en Mises.org

Adaptado de una contribución en Property, Freedom, and Society

Traducción por Francesc Garcia-Gonzalo (original inglés aquí)


Propiedad, Derechos y Libertad

Los libertarios suelen estar de acuerdo en una amplia gama de políticas y principios. A pesar de ello, resulta difícil encontrar un consenso sobre qué es lo que define al libertarismo, o qué lo distingue de otras teorías y sistemas políticos.

Existen varias formulaciones. Se dice que el libertarismo se basa en los derechos individuales, los derechos de propiedad (1), el libre mercado, el capitalismo, la justicia, o el principio de no agresión. Sin embargo, no nos vale cualquiera de estos.

El capitalismo y el libre mercado describen las condiciones catalácticas que surgen o son permitidas en una sociedad libertaria, pero no abarcan otros aspectos del libertarismo. Mientras que los derechos individuales, la justicia y la agresión se reducen todos a los derechos de propiedad. Como explicó Murray Rothbard, los derechos individuales son derechos de propiedad (2). Y justicia es darle a cada uno lo que le corresponde, cosa que depende de cuáles sean sus derechos (3).

El principio de no agresión depende también de los derechos de propiedad, ya que lo que constituye o no agresión depende de cuáles sean nuestros derechos (de propiedad). Si tú me pegas, eso es una agresión porque yo tengo un derecho de propiedad sobre mi cuerpo. Si te arrebato la manzana que posees, eso es un robo (una agresión) sólo porque tú eres el propietario de la manzana. Cada agresión conlleva, necesaria aunque ímplicitamente, la asignación de un derecho de propiedad correspondiente a la víctima.

Así que capitalismo y libre mercado no abarcan lo suficiente, mientras que justicia, derechos individuales y agresión todos se reducen a, o se basan en, los derechos de propiedad. ¿Son los derechos de propiedad, pues, lo que distingue al libertarismo de otras filosofías políticas? ¿Somos los libertarios los únicos que defendemos los derechos de propiedad? Tal afirmación es claramente insostenible.

Después de todo, un derecho de propiedad no es más que el derecho exclusivo a controlar un recurso escaso (4). Los derechos de propiedad especifican qué personas son las propietarias (es decir, tienen derecho a controlar) varios recursos escasos en una región o jurisdicción dada. Sin embargo, toda persona y toda teoría política promueve alguna teoría de la propiedad. Ninguna de las diversas versiones del socialismo niega los derechos de propiedad: todas ellas especifican un propietario para cada recurso escaso (5). Si el estado nacionaliza una industria, al hacerlo está afirmando ser el propietario de esos medios de producción. Al gravarte impuestos, está afirmando implícitamente ser el propietario de esos fondos. Al expropiar mis tierras para transferirlas a un promotor privado, convierte a éste en el propietario. Al permitir que un trabajador discriminado por su raza demande a su empleador por cierta suma de dinero, hace de aquél el dueño de esa suma (6).

Por consiguiente, la protección y el respeto por los derechos de propiedad no son algo exclusivo del libertarismo. Lo que distingue al libertarismo son sus particulares reglas de asignación de propiedad: su punto de vista con respecto a quién es y cómo se determina el propietario de cada recurso escaso.

Propiedad sobre Cuerpos

Un sistema de derechos de propiedad asigna un propietario concreto a cada recurso escaso. Estos recursos incluyen, obviamente, recursos naturales como la tierra y los frutos de los árboles, entre otros. Sin embargo, los objetos de la naturaleza no son los únicos recursos escasos que hay. Cada ser humano tiene, controla, es identificado y asociado con un cuerpo humano único, el cual es también un recurso escaso (7). Tanto los cuerpos humanos como los demás recursos escasos son deseados por las personas como medios para lograr sus varios fines.

En consecuencia, cualquier teoría o sistema político debe asignar derechos de propiedad sobre los cuerpos humanos de la misma manera que lo hace con las cosas externas. Consideremos primero las reglas libertarias de asignación de propiedad sobre cuerpos humanos y la correspondiente noción de agresión a esos cuerpos. Los libertarios suelen defender vigorosamente el “principio de no agresión”. Como dijo Ayn ​​Rand, “En tanto que los hombres deseen vivir juntos, ninguno debe iniciar —¿me oyes? ninguno debe empezar— el uso de la fuerza física contra otros” (8). O, como escribió Rothbard:

El credo libertario se basa en un axioma central: que ninguna persona o grupo puede agredir a ninguna otra persona o su propiedad. A esto se le puede llamar el “axioma de no agresión”. “Agresión” se define como el inicio del uso, o la amenaza, de violencia física contra el cuerpo o propiedad de cualquier otra persona. Agresión es, por tanto, sinónimo de invasión (9).

En otras palabras, los libertarios sostienen que la única manera de violar derechos es iniciando el uso de la fuerza, es decir, agrediendo. El libertarismo también sostiene que, mientras que iniciar fuerza contra el cuerpo de otra persona es inadmisible, la fuerza usada en respuesta a una agresión (la fuerza defensiva, restitutiva o punitiva/vengativa) está justificada (10).

Ahora bien, en el caso del cuerpo está claro qué constituye una agresión: invadir las fronteras del cuerpo ajeno, es decir, usar el cuerpo de otra persona sin su consentimiento (11). La propia noción de agresión interpersonal presupone la existencia de derechos de propiedad sobre cuerpos: que cada persona es, al menos prima facie, dueña de su propio cuerpo (12).

Las filosofías políticas no libertarias lo ven de otra manera: cada persona tiene ciertos derechos limitados sobre su propio cuerpo, pero no derechos completos o exclusivos. La sociedad (o el estado, diciendo ser el agente de la sociedad) también tiene ciertos derechos sobre el cuerpo de cada ciudadano. Esta esclavitud parcial está implícita en acciones y leyes estatales tales como los impuestos, el servicio militar obligatorio y la prohibición de drogas.

El libertario dice que cada persona es la propietaria única de su cuerpo: tiene derecho a controlarlo, a decidir si ingiere o no estupefacientes, si se alista a un ejército, etcétera. Sin embargo, los no libertarios que apoyan dichas prohibiciones estatales necesariamente sostienen que el estado, o la sociedad, es cuando menos un propietario parcial del cuerpo de las personas sujetas a dichas leyes (o incluso un propietario total en el caso de reclutas forzosos o de “criminales” no agresores encarcelados de por vida). Los libertarios creen en la propiedad sobre uno mismo (autopropiedad). Las distintas versiones de no libertarios (de estatistas) abogan por una forma u otra de esclavitud.

Autopropiedad y Evitación de Conflictos

Sin derechos de propiedad, siempre existe la posibilidad de conflictos por recursos escasos. Los sistemas legales, mediante la asignación de un propietario para cada recurso, hacen posible el uso no conflictivo de los recursos, ya que establecen límites visibles que los no propietarios pueden evitar. El libertarismo, no obstante, no respalda cualquier norma de asignación de propiedad (13). El libertarismo favorece la propiedad sobre uno mismo (autopropiedad) a la propiedad sobre otros (esclavitud).

El libertario busca reglas de asignación de propiedad porque valora o acepta varias grundnorms (principios básicos) como la justicia, la paz, la prosperidad, la cooperación, la evitación de conflictos y la civilización (14). Según el libertario la autopropiedad es la única regla de asignación de propiedad compatible con estas grundnorms. Éstas implican aquélla.

Como ha mostrado el profesor Hoppe, la asignación de propietario a un determinado recurso no debe ser aleatoria, arbitraria, particularista o sesgada, si lo que se quiere es una norma que evite conflictos (15). De entre todos los aspirantes al título de propiedad, éste debe ser asignado en base a “la existencia de un vínculo objetivo, intersubjetivamente demostrable, entre el propietario y el recurso reclamado” (16).

En el caso del propio cuerpo, la relación única entre una persona y su cuerpo (su control directo e inmediato sobre el cuerpo, y el hecho de que, al menos en cierto sentido, cuerpo y persona son la misma cosa) constituye el vínculo objetivo suficiente para que la reclamación de esa persona sea superior a la de otras.

Además, cualquier persona que aspire al cuerpo de otra no puede negar este vínculo objetivo y especial, ya que el forastero necesariamente presupone lo mismo en su propio caso.

Esto es así porque, al afirmar ser el propietario del otro e intentar dominarlo, el forastero tiene que presuponerse amo de su propio cuerpo. Al hacerlo, el forastero demuestra que él sí le da importancia a este vínculo, aun cuando (al mismo tiempo) le quita importancia al vínculo del otro con su propio cuerpo (17).

El libertarismo reconoce que la autopropiedad es la única regla universalizable y compatible con los objetivos de la paz, cooperación y evitación de conflictos. Reconocemos que, prima facie, cada persona es dueña de su propio cuerpo, ya que su vínculo especial con éste (su control directo e inmediato sobre él) hace que su reclamación sobre el mismo sea superior a la de cualquier otro.

Propiedad Sobre Cosas Externas

Los libertarios aplican un razonamiento similar en el caso de otros recursos escasos: a saber, de objetos externos del mundo que, a diferencia de los cuerpos, inicialmente no tenían dueño. En el caso de los cuerpos, la inadmisibilidad de las agresiones implica inmediatamente la autopropiedad. En el caso de los objetos externos, sin embargo, debemos identificar quién es el dueño antes de poder determinar qué constituye una agresión.

Al igual que con los cuerpos, los seres humanos deben poder usar los objetos externos como medios para alcanzar varios fines. Dada la escasez de estos objetos, existe aquí también posibilidad de conflicto. Y, como con los cuerpos, los libertarios están a favor de la asignación de derechos de propiedad a fin de permitir el uso pacífico, productivo y no conflictivo de esos recursos. Así, como en el caso de los cuerpos, la propiedad se le asigna a la persona con la mejor reclamación, es decir con el mejor vínculo al recurso escaso en cuestión (donde el estándar de “mejor reclamación” se basa en el objetivo de permitir que los humanos interaccionen y usen recursos de forma pacífica y sin conflictos).

Sin embargo, a diferencia de los cuerpos humanos, los objetos externos no definen quién somos, ni son directamente controlados por nuestra voluntad y, significativamente, empiezan sin dueño (18). Aquí, el libertario se da cuenta de que el vínculo objetivo relevante es la apropiación: la transformación o delimitación de un recurso sin dueño previo, el “homesteading” de Locke, el primer uso o posesión de la cosa (19). Bajo este enfoque, el primer (anterior) usuario de una cosa sin previo dueño tiene, prima facie, una mejor reclamación sobre la cosa que un segundo (posterior) reclamante: sólo por haber llegado antes.

¿Por qué es la apropiación el vínculo relevante para determinar la propiedad? En primer lugar, tengamos en cuenta que la pregunta a hacerse sobre este tipo de recursos escasos es: ¿quién es el propietario del recurso? Y recordemos que la propiedad es el derecho a controlar, usar o poseer (20), mientras que la posesión es el control real: “la autoridad fáctica que una persona ejerce sobre un ente corpóreo” (21). La pregunta no es quién tiene la posesión física sino quién tiene la propiedad.

Por lo tanto, preguntar quién es el propietario de un recurso presupone una distinción entre propiedad y posesión: entre el derecho a controlar y el control real. Y la respuesta debe tener presente la naturaleza de las cosas sin dueño previo: a saber, que en algún momento adquirirán su primer propietario.

La respuesta también debe tener en cuenta los objetivos asumidos por quienes buscan esa respuesta: normas que permitan el uso pacífico de los recursos. Por esta razón, no es satisfactorio contestar que el propietario es quien tiene el recurso o quienquiera que sea capaz de apoderarse de él. Sostener este punto de vista equivale a adoptar la ley del más fuerte, donde el concepto de propiedad se convierte en el de posesión por falta de una distinción que los separe (22). Tal sistema, lejos de evitar conflictos, los hace inevitables (23).

En lugar de la ley del más fuerte, las consideraciones mencionadas dejan claro que la propiedad presupone la distinción anterior-posterior: quienquiera que sea el propietario de un recurso según un sistema cualquiera de asignación de propiedad, esa persona tiene una reclamación superior a la de quienes llegan después de él (24). Si no es así, entonces esa persona no es la propietaria sino una mera usuaria o poseedora actual del recurso. Si se la asume propietaria en un sistema basado en la ley del más fuerte, donde no existe la propiedad, se contradicen las premisas de la búsqueda. Si el primer propietario no tiene más derecho que los que llegan después, entonces no se trata de un propietario, sino de un mero poseedor, y la propiedad no existe.

Más genéricamente, las reclamaciones de quienes llegan después son inferiores a las de quienes estaban antes, los cuales o bien se apropiaron ellos mismos del recurso cuando éste aún no tenía dueño o bien trazan su título de propiedad a quien hizo tal cosa (25). La importancia crucial de la distinción anterior-posterior para la teoría libertaria es por lo que el profesor Hoppe la enfatiza repetidamente en sus escritos (26).

Por lo tanto, la posición libertaria en cuanto a los derechos de propiedad es que, con el fin de permitir el uso no conflictivo y productivo de los recursos escasos, es necesario asignar títulos de propiedad sobre recursos particulares a propietarios particulares.

Sin embargo, como ya se ha señalado, la asignación de títulos no debe ser aleatoria, arbitraria o particularista. Por contra, debe hacerse en base a “la existencia de un vínculo objetivo, constatable intersubjetivamente, entre el dueño y el recurso reclamado” (27). Como se deduce de las consideraciones previas, ese vínculo es la transformación física o delimitación que hace el apropiador original (el homesteader), o una cadena de titularidad trazable a éste contractualmente (28).

Consistencia y Principio

No sólo los libertarios son civilizados. La mayoría de gente da un cierto peso a algunos de los puntos anteriores. En sus ojos, una persona es dueña de su propio cuerpo: por lo general. Un pionero es el propietario del recurso que se apropia: a menos que el Estado se lo arrebate “en aplicación de la ley” (29).

Esta es la principal diferencia entre libertarios y no-libertarios: los libertarios se oponen consistentemente a las agresiones, definidas como invasiones de propiedad, donde se entiende que los derechos de propiedad se asignan en base al principio de autopropiedad en el caso de los cuerpos, y en base al principio de apropiación y transferencias contractuales de títulos en el caso de otras cosas.

Este marco de derechos está motivado por el valor que el libertario da, consistente y axiomáticamente, a la interacción y cooperación pacíficas: es decir, al comportamiento civilizado. Una analogía con el concepto misesiano de acción humana puede aclarar este punto. Según Mises, la acción humana pretende aliviar algún malestar percibido (30). Para ello, el actor emplea medios, de acuerdo con su comprensión de leyes causales, para lograr varios fines: en última instancia la eliminación de su malestar.

El hombre civilizado se siente incómodo ante la perspectiva de luchas violentas con otros. Por un lado quiere, por alguna razón práctica, controlar un recurso escaso dado, si hace falta usando violencia contra otros para conseguir ese control. Por otra parte también quiere evitar un mal uso de la fuerza. El hombre civilizado, por algún motivo, siente renuencia, ansiedad, ante una posible interacción violenta con sus semejantes. Tal vez sea su empatía lo que le cause esa reticencia (31). Tal vez el instinto de cooperar es un resultado de la evolución social. Como señaló Mises:

Existen personas cuyo único objetivo es mejorar la condición de su propio ego, mientras que a otras contemplar los problemas de sus semejantes les causa tanto o más malestar que sus propias carencias (32).

De dondequiera que proceda, esa reticencia hace que el hombre civilizado, ante la posibilidad de conflicto violento, busque justificaciones antes de usar la fuerza para controlar un recurso escaso que desean tanto él como otras personas. La empatía, o lo que sea que impulsa al hombre a adoptar las grundnorms libertarias, genera un cierto malestar, que a su vez da lugar a la acción ética.

El hombre civilizado puede definirse como aquél que busca justificación para el uso de violencia interpersonal. Cuando surge la necesidad inevitable de recurrir a la violencia (para defender vida o propiedad), el hombre civilizado busca justificarlo. Naturalmente, puesto que esta búsqueda de justificación la llevan a cabo personas razonables y pacíficas (la justificación es después de todo una actividad pacífica que transcurre necesariamente durante el discurso (33)), lo que buscan son reglas justas, potencialmente aceptables por todos, basadas en la naturaleza de las cosas, universalizables y que permitan el uso no conflictivo de recursos.

Los principios libertarios de los derechos de propiedad emergen como el único candidato que satisface estos criterios. Por lo tanto, si civilizado es aquél que busca justificación antes de usar violencia, libertario es aquél que se toma en serio esta tarea. El libertario siente una profunda e innata aversión a la violencia y la rechaza axiomáticamente. Esa aversión por la violencia va acompañada de un igualmente intenso compromiso con la paz y la cooperación.

Por las razones anteriores, puede decirse que el libertarismo es la filosofía política que sistemáticamente favorece normas sociales destinadas a promover la paz, la prosperidad y la cooperación (34). Reconoce asimismo que las únicas normas que satisfacen las grundnorms del mundo civilizado son el principio de autopropiedad (self-ownership principle) y el principio de apropiación (homesteading principle) Lockeano, aplicados con la mayor coherencia posible.

Y como he argumentado en otro sitio, dado que el estado necesariamente comete agresión, el libertario consistente, al oponerse a la agresión, es también un anarquista (35).


Este artículo fue adaptado de “Qué Es el Libertarismo”, en Propiedad, Libertad y Sociedad: Ensayos en Honor de Hans-HermaStephan_Kinsellann Hoppe (Mises Institute, 2009), editado por Jörg Guido Hülsmann y Stephan Kinsella. Una versión abreviada de este artículo fue incorporada en la conferencia del autor “Propiedad Intelectual y Libertarismo“, presentada en la Universidad Mises 2009 (30 de julio del 2009; audio en inglés).

Stephan Kinsella es abogado en Houston, director del Centro para el Estudio de la Libertad Innovadora y editor de los Papeles Libertarios.