Artículo de Andrew Syrios (original inglés aquí).


A algunos mitos les cuesta desaparecer. El mito de la brecha salarial de género es uno de los más persistentes. Después de ganar un óscar, Patricia Arquette proclamaba que “De una vez por todas, es hora de que las mujeres tengan igualdad salarial y de derechos en los Estados Unidos de América”, recibiendo un estruendoso aplauso. En sus “11 Mandamientos del Progresismo”, Elizabeth Warren está tan fuera de sí que escribe: “No puedo creer que tenga que decir esto en 2014: creemos en una paga igual por un trabajo igual”. El presidente Obama estableció una Comisión de Igual Paga y una de sus primeras acciones fue aprobar la Ley Lilly Ledbetter de Paga Justa.

Se da todo por hecho. Las mujeres ganan 77 centavos frente al dólar que gana un hombre por el mismo trabajo. Esto se me ha enseñado desde que iba a la escuela. De hecho, parecería que los únicos que discrepan de ello son los economistas que han estudiado el asunto.

Como muchos han advertido, de inmediato se plantea una pregunta cuando se consideran las discrepancias salariales entre dos grupos: si a los empresarios les preocupa tanto el dinero (de lo que parecen convencidos los progresistas), ¿por qué contratarían a un hombre cuando pueden contratar a una mujer para hacer lo mismo por tres cuartas partes del coste?

Los trabajos no son homogéneos

Pero aparece un segundo problema tan pronto como uno empieza a mirar los datos: ¿por qué esta diferencia salarial no es ni remotamente consistente entre sectores? No son sólo las modelos (que ganan 10 veces más que sus colegas masculinos), sino también varios otros campos (aunque son la minoría). Forbes publicó recientemente un artículo, basado en la Oficina de Estadística Laboral, titulado “15 trabajos en los que las mujeres ganan más que los hombres”.  Estos trabajos incluyen a panaderos (104%), ayudantes de maestros (105%), nutricionistas (101%) y terapeutas ocupacionales (102%). ¿Acaso quienes contratan a panaderas son de las pocas personas en este país que no son sexistas?

¿Y qué pasa con la ubicación? El Huffington Post publicó un artículo similar, basado en datos del censo, titulado “Las 11 ciudades en las que las mujeres ganan más que los hombres por el mayor margen”. Estas incluyen a Atlanta (121%), Nueva York (117%) y San Diego (115%).

Y, como señala Warren Farrell, la Encuesta de Población Actual 2003 de la Oficina del Censo mostraba que “Cuando mujeres y hombres trabajan menos de 40 horas semanales, las mujeres ganan más que los hombres” [1]. El 134% entre 25 y 34 horas y el 107% entre 35 y 39 horas.

Añadamos a esto otro hecho interesante. Un estudio de la Asociación Americana de Mujeres Universitarias, un grupo que cree firmemente en la brecha salarial, descubría que:

En suma, el análisis de regresión de las ganancias un año después de la graduación sugiere que, después de contabilizar todas las variables conocidas que afectan a las ganancias, permanece entre mujeres y hombres una brecha del 5%.

Dejemos aparte el hecho de que los análisis de regresión no pueden tomarse como un evangelio. Simplemente no hay forma de controlar todas las variables (ver aquí una buena explicación sobre este tema). Aun así, el 5% es mucho menos que la supuesta brecha salarial del 23%. ¿Por qué discriminarían más los empresarios a medida que las mujeres se hacen mayores? Así que la brecha salarial no sólo es inconsistente con los intereses de los empresarios, sino que además es altamente variable entre sectores, lugares, horas trabajadas y edades. Nada que sospechar en todo esto…

Como he explicado anteriormente, que haya diferencias no equivale automáticamente a que haya discriminación. Después de todo, a los asiático-americanos se les paga más que a los blancos. Y a los japonés-americanos se les paga más que a los coreano-americanos. ¡Por Dios, las mujeres lesbianas ganan más que las mujeres heterosexuales! Hay que profundizar más antes de concluir que la discriminación es la causa de todo.

Hombres y mujeres a menudo tienen diferentes objetivos en sus carreras

Y una vez se profundiza un poco más, resulta meridianamente claro que hombres y mujeres no tratan el trabajo o la vida de la misma manera. Ya sea por cultura, biología o una mezcla de ambas, los hombres dan un valor mayor a los ingresos. Por ejemplo, una encuesta sobre la razones de hombres y mujeres para obtener un MBA concluía que

Los hombres que consiguen un MBA aspiran a convertirse en presidentes o directores de empresas públicas y privadas (…) Sin embargo, las mujeres con un MBA listan entre sus objetivos principales la consultoría de gestión, las vicepresidencias ejecutivas, y la gestión de organizaciones sin ánimo de lucro (…) Los hombres esperan acceder a las posiciones más altas de liderazgo y, para las mujeres, esto sigue siendo la excepción.

Esto también explicaría por qué los hombres tienden más a aceptar trabajos peligrosos que pagan primas de riesgo. Así, los hombres suman el 93% de todos los fallecimientos laborales. El profesor James Bennett encontró 20 diferencias en el comportamiento de hombres y mujeres en el ámbito laboral que influyen en los ingresos y que no se reflejan en las cifras brutas (que son lo único tenido en cuenta por los “77 centavos por dólar”). Estas razones incluyen:

  • Los hombres optan por la tecnología y las ciencias duras más que las mujeres.
  • Los hombres tienden a aceptar trabajos más estresantes que no son “de nueve a cinco”.
  • Los hombres tienden a trabajar horarios más largos (y la brecha salarial aumenta por cada hora que pasa de las 40 semanales).
  • Las mujeres tienden a interrumpir más sus carreras, principalmente debido a la educación y atención de sus hijos. Menos experiencia significa menor paga.

La razón por la que las mujeres tienden a interrumpir más sus carreras es lo que el economista Walter Block bautizó como la Hipótesis de la Asimetría Matrimonial en un estudio criticando la brecha salarial ya en 1981. En concreto, cuando un hombre y una mujer se casan, lo que suele ocurrir es que la responsabilidad de ganar dinero es asumida mayormente por el hombre, mientras que la mujer asume una mayor responsabilidad con la crianza de los hijos (un hecho que se ha demostrado una y otra vez).

El que esto sea bueno o malo es irrelevante para lo que aquí nos ocupa, es decir para aclarar si la brecha salarial se debe o no a la discriminación. Y las grandes diferencias en comportamiento laboral entre hombres y mujeres (sobre todo a raíz del matrimonio) ponen muy en entredicho la hipótesis de la discriminación.

Como señala Denise Verable en su análisis de la brecha salarial, “en general, las mujeres casadas preferirían un trabajo a tiempo parcial cinco veces más que los hombres casados” (probablemente esto explique por qué las mujeres ganan más que los hombres en trabajos a tiempo parcial). Además, las mujeres de más de veinticinco años han mantenido su trabajo actual durante una media de 4,4 años, frente a 5 años para los hombres, y los aumentos salariales se asocian a la veteranía.

Además, expectativas y planes de futuro desempeñan un papel importante en estas decisiones. Como observa el economista Thomas Sowell:

Las mujeres tienden a no dedicarse a profesiones en las que hay una tasa muy alta de obsolescencia. Si eres ingeniero informático y te tomas cinco años para tener un hijo y [criarlo] hasta que lo dejas en la guardería… ¡Por Dios, el mundo ha cambiado! Tendrías que volver a empezar desde muy lejos. Por otro lado, si te haces bibliotecario, maestro u otra profesión similar, puedes tomarte tus cinco años y luego volver muy cerca de donde lo dejaste.

Por lo general, los ingenieros informáticos ganan más que los bibliotecarios.

Las mujeres que nunca se han casado ganan más que los hombres

De hecho, cuando se comparan mujeres y hombres que nunca se han casado, la brecha salarial no sólo desaparece, sino que se invierte. Ya en 1971, mujeres nunca casadas de edad 30-39 años ganaban un poco más que los hombres correspondientes [2]. En 1982, las mujeres nunca casadas de cualquier edad ganaban un 91% de lo ganado por los hombres [3]. En la actualidad, no existe brecha salarial entre mujeres y hombres de 21 a 35 años viviendo solos [4]. Y entre hombre y mujeres de 40 a 64 años no casados y con educación universitaria, los hombres ganan de media $40.000 al año y las mujeres $47.000 al año! [5].

Y cuando se tiene en cuenta todo esto, la brecha salarial esencialmente desaparece, como han descubierto muchos estudios:

  • Un estudio de CONSAD Research Corp. para el Departamento de Trabajo de Estados Unidos descubrió que, cuando se controlan las distintas variables, queda “una brecha salarial de género ajustada que oscila entre el 4,8% y el 7,1%” [6].
  • Un estudio de June y Dave O’Neill para la Oficina Nacional de Investigación Económica descubrió que “…la brecha de género deriva en gran medida de las decisiones tomadas por mujeres y hombres con respecto a la cantidad de tiempo y energía que dedican a sus carreras”.
  • Warren Farrell realizó un exhaustivo estudio, expuesto en su libro Por Qué los Hombres Ganan Más, y no encontró ninguna evidencia de brecha salarial discriminatoria.
  • Un estudio de 1983 de Walter E. Williams y el ya mencionado estudio de 1981 de Walter Block desacreditan la idea de que la brecha salarial se deba a la discriminación.
  • Carrie Lukas señala que “En un estudio de 2010 de trabajadores urbanos solteros sin hijos entre 22 y 30 años, la empresa de investigación Reach Advisors descubrió que las mujeres ganan de media un 8%  más que sus equivalentes masculinos”.

Incluso PolitFact clasificaba la afirmación de que “a las mujeres se les paga 77 centavos por dólar por hacer el mismo trabajo que los hombres” como “Mayormente falsa”.

Cabe la posibilidad de que la pequeña brecha restante en el informe del CONSAD se deba a la discriminación, aunque es igualmente probable que se deba a otras variables que no fueron tenidas en cuenta, ya que ningún estudio puede tener controles perfectos. Por ejemplo, ¿cómo se controla la motivación y los objetivos personales de trabajo y vida? En cualquier caso, la mayor parte de la brecha tiene que ver con decisiones personales. No hay nada malo con las decisiones de las mujeres. De hecho, quizá las malas decisiones sean las masculinas, pues parece más sabio buscar un equilibrio entre vida y carrera profesional. Sea como sea, son esas decisiones la causa principal de la brecha salarial, no la discriminación. Este terco hecho podría explicar por qué, pese a todas sus protestas, la Casa Blanca paga a las mujeres sólo 88 centavos por cada dólar que paga a los hombres, y que incluso la propia Hillary Clinton sólo pagara a las mujeres de su equipo 72 centavos por dólar pagado a los hombres. A la realidad no parece importarle mucho la retórica.


[1] Warren Farrell, Why Men Earn More, Amacom. Copyright 2005, p. 79.

[2] “The Economic Role of Women”, The Economic Report of the President, 1973. Washington D.C.: U.S. Government Printing Office, 1973, p. 103.

[3] “Current Population Reports”, Series P-60, No. 132, Bureau of Labor Statistics, Washington D.C.: U.S. Government Printing Office, 1982, p. 161.

[4] Anita U. Hattiangadi and Amy M. Kahn, “Gender Differences in Pay”, Journal of Economic Perspective (Otoño de  2000): 58 (Nota de FGG: Esta cita parece incorrecta. Véase el libro “Hattiangadi A.U., Habib A.M. & Williams R.E. (2000) A Closer look at Comparable Worth. Employment Policy Foundation” y el artículo “Blau F.D. & Kahn L.M. (2000) Gender Differences in Pay. Journal of Economic Perspectives. 14: 75-99).

[5] Farrell, Why Men Earn More, pp. 16–17.

[6] “An Analysis of Reasons for the Disparity in Wages Between Men and Women”, CONSAD Research Corp, 12 de enero 2009, p. 1.


Publicado originalmente el 23 de marzo de 2015. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe para Mises Hispano. Editado para Eklektikos por Francesc Garcia Gonzalo.